6 condiciones para la Evaluabilidad de las Políticas Públicas

Si bien cualquier política pública es potencialmente evaluable, en el presente post se explicarán algunas de las condiciones más importantes que se deben cumplir para la evaluabilidad de una política.

En primer lugar, sin conocer las principales necesidades que una determinada política desea cubrir resulta del todo imposible evaluar su impacto. Por ello, la intención con que se implementa una política debe ser explícita, específica y coherente.

Segundo, y en relación con lo anterior, desde el comienzo deben quedar claros los objetivos generales, específicos y operativos a cumplir. La evaluación se centrará así en la medición del cumplimiento de los objetivos y su adecuación. 

Tercero, la relación lógica a través de la cual se espera pasar del proyecto a unos resultados satisfactorios debe estar suficientemente justificada a nivel teórico, ser clara y concisa y, sobre todo, realista.

Cuarto, la evaluación requiere transparencia completa sobre las acciones emprendidas dentro del programa, sobre el presupuesto destinado a cada tarea y la colaboración del personal implicado en su implementación, que tiene un mayor conocimiento de su gestión diaria.

En quinto lugar, cualquier política pública debe contar con un mecanismo de seguimiento y control durante su implementación y tras la misma. Sin conocer la evolución intermedia y posterior de los participantes en determinado programa la evaluación de resultados es imposible.

Por último: los datos. Sin información completa y rigurosa, la evaluación carece de su combustible más vital. Los datos deben ser cohesionados, comparables, fiables, abiertos y rápidamente disponibles. Buenos datos permiten buenas evaluaciones.

Este último punto requiere de un compromiso más firme. La gran riqueza de bases administrativas que recogen las administraciones públicas de forma automática las hace un partícipe crucial para fomentar la mayor evaluabilidad de políticas públicas.